Una sonrisa se esbozó en la boca de Aidan.
-Loco del que se atreva a tocarme durante mi celo, que no sea mi lobo-
-En la confianza está el peligro- recalcó el beta
El lobo se pasó la mano por el cabello y jugó con los mechones finales de su larga y oscura trenza.
-No tienes que preocuparte por esos detalles. Me aseguraré de estar en el lugar y el momento adecuado para cuando mi celo llegue. No dejaré que alguien más marque mi cuello y el que se atreva puede despedirse de este mundo-
Sus palabra