Una besaba mi piel, y al mirarme en el espejo vi cómo el escaso material caía a la perfección, me cubría los pechos y mis caderas hasta detenerse por encima de la mitad del muslo; mi pelo rubio ondeaba sobre mis hombros y no pude evitar sonreír para .
Era sencillo, sin embargo, elegante.
Al abrir la puerta que separaba el baño , sonreí al ver a Emrys su libro en la cama, con las cejas oscuras fruncidas ante el reto que enfrentaban ahora, y los ojos recorriendo cada palabra, cada frase, ca