—Ya son las dos de la tarde, yo ni siquiera he almorzado, voy a bajar a comer, mucho cuidado con lo que hacen ustedes dos aquí adentro jovencitos.
Cuando ella se va, pegó mi espalda lo más que puedo de la pared le digo que se acueste a mi lado, él lo hace y yo lo abrazo con la mano donde tengo la via y colocó mi cabeza sobre su pecho.
Pude escuchar los latidos de su corazón están acelerado. Lo miro y me sonríe luego me da un beso en la frente yo también le sonrió.
—¿Cuándo llegaste?
—Anoche