Un dolor de cabeza fuerte junto a un gran amargo en su boca hicieron que de repente Amanda abriera los ojos, llevándose la siniestra sorpresa de que no había estado soñando y estaba en su realidad, una cruel, absurda, y dolorosa realidad.
Con rostro de espanto se levantó de la cama y caminó directo al espejo. Llevaba un vestido en corte sirena en un color blanco hueso, imaginó que el color simbolizaba que ya no era pura.
Luego miró a su alrededor y observó las montañas de flores y regalos. Todo