Llegaron a emergencias y atendieron a Amanda a toda velocidad, ella se veía muy débil, su rostro demacrado y con abundantes ojeras. Todo eso fue de preocupación incluso para los doctores, así que de inmediato le hicieron los análisis pertinentes mientras Ana en la sala de espera se sentía angustiada.
—De no haberme comunicado contigo, no las encuentro en ninguna de las salas de emergencia de toda la ciudad —se presentó el esposo de Ana sosteniendo sus manos temblorosas.
—He registrado a mi hija