Señora Archibald

Al día siguiente, llamé a mi madre desde la oficina y la invité a almorzar para que pudiéramos hablar, como me había pedido. Al llegar al restaurant que ella eligió, ya estaba ahí, vestía un traje rosa pálido y negro, muy de su estilo, y su impecable peinado recogido.

—Madre —saludé con dos besos, como de costumbre.

—Hola, Dorian. ¿Cómo te encuentras?

—Muy bien, &iq

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