Capítulo 40

Terminé de bañarme y de quitarme toda la arena que tenía encima. El aroma a azufre al fin se había ido, aunque bueno me había prácticamente acostumbrado a él, a esta altura. Pensé en David y en cómo no se había ni inmutado con ese aroma. Me preguntaba si de verdad sabía tan poco, como que solo éramos simples demonios con habilidades adicionales. Le dije a Lidia que confiaría en ellos, solo por mi madre, pero no terminaba de hacerlo. Las cosas parecían demasiado normales y bonitas, no me lo creía ni un poco. 

La ropa que me había prestado Lidia me quedaba bastante grande, el tamaño de las mangas y el largo del pantalón

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