—¿Te acostaste con ella, verdad? —Carlota se mostró desesperada por saber qué había sucedido anoche entre los dos—. ¡Respóndeme!
—¡No, no me acosté con ella, Carlota, no lo hice si eso es lo que tanto te preocupa! —espetó.
—Dios, esto es una tortura para mí. —lo abrazó aferrándose a él, Carlota, por más ruda que se viera o les hiciera creer a todo, tenía sus sentimientos, y el único hombre que logró despertar eso en ella, había sido Brent, su gran problema, era que por más amor que tuviera haci