Más de un sentimiento.
Tener a Mónic a su lado, desayunar con ella, escuchar su risa era para él simplemente increíble, era la sensación más cálida y maravillosa que había experimentado en un buen tiempo; ¡Dios!, la extrañaba tanto que dolía y por ese efímero momento era como si aún estuvieran juntos, cómo si se perteneciera el uno al otro.
— ¡Estabas loca!, enserio — decía entre risas Dominick.
— Oye no es así... solo son cosas que uno hace de niños — se defendió Mónic, siempre era agradable compartir vivencias de