DARIAN
La nieve del Desfiladero Helado crujía bajo las pezuñas y las garras de los guerreros.
La marcha había durado tres días y dos noches, un avance implacable, silencioso y cargado de una tensión tan densa que el propio viento de la montaña parecía contener el aliento. A la cabeza de la columna, transformados, avanzábamos nosotros. Fenrir, con su pelaje negro azabache erizado y las fauces cerradas en una mueca de guerra, marcaba el ritmo de la guardia; a mi costado, la majestuosa figura de N