DARIAN
—¡El que pierda paga el barril de hidromiel de la guardia esta noche! —gritó Lyra a mitad del patio de armas de la Residencia Central.
El mediodía caía con fuerza sobre el campo de entrenamiento. El polvo, el sudor y el olor a cuero mojado impregnaban el ambiente. La sombra de la guerra con Frostfang flotaba en el aire; aunque el entrenamiento jamás se había detenido, desde la visita de Vane la exigencia se había multiplicado por diez. Las tropas de ambas manadas entrenaban hombro con ho