Alma.
Me levanté temprano esa mañana, el sol apenas comenzaba a iluminar el cielo cuando me senté a desayunar con Gabriel. Sus risas y energía juvenil llenaban la cocina, y su compañía era todo lo que necesitaba para empezar el día con buen ánimo.
Después del desayuno, tomé la mano de Gabriel y nos dirigimos juntos a la oficina de Marko. Caminar con mi hijo de la mano era reconfortante, una sensación de conexión y amor que me llenaba el corazón.
Al llegar a la oficina de Marko, la sorpresa se