Marko
Había logrado finalmente la anulación del matrimonio con Elsa, como si estuviéramos deshaciendo un nudo que nunca debió atarse. En ese momento, sentía una liberación que se reflejaba en mi sonrisa y en la certeza de que pronto estaría casado con el amor de mi vida, Alma.
Mi felicidad se veía ampliada al imaginar un futuro político brillante. Ser el próximo gobernador era solo el comienzo; mis ojos se fijaban en alcanzar la presidencia en unos pocos años. Todo parecía encajar perfectamente