Alma.
Durante la mayor parte de la tarde, me había dedicado a charlar con Maddy sobre asuntos sin relevancia. Ayudaba muchísimo a mi humor charlar con mi amiga de tonterías; adoraba su particular sentido del humor.
—Estás como ida, Alma — me dice ella.
—No es nada...
—Te veo muy triste desde tu discusión con Marko y rechazarlo nuevamente.Mi esposo me ha dicho que él también está muy mal.
Rodé los ojos. — No me interesa él.
—Eres adorable, Alma. Nunca entenderé por qué no te lanzas a los brazos d