Capítulo 66 Pero, la maldad no duerme.
NARRADOR
Las luces parpadeantes del pasillo iluminaron los ojos de Dorian, quien despertó sobresaltado cuando uno de los guardias golpeó con su macana los barrotes de la celda.
—¡Evans! Levántese, tiene una visita.
Dorian se incorporó lentamente; moverse con agilidad aún era un desafío. Las secuelas de la herida de bala seguían haciendo estragos en su cuerpo.
—¿Visita? Ya les dije que, si es mi familia, no quiero verlos.
—Sí, sí, ya sabemos. Pero esta vez no es tu familia. Es una señorita..