—Dora, calma, por favor —le dijo, sujetando su brazo—. Lo que vimos no significa necesariamente lo que crees. Helen y Federick son amigos, y Charlotte… Charlotte tiene sus propios sentimientos. Si estamos tan convencidos de que todo está mal, más vale que hablemos con ella primero, antes de sacar conclusiones precipitadas.
Pero Dora no parecía dispuesta a escuchar. Su furia era evidente, y sus ojos brillaban con determinación.
—¡No voy a quedarme de brazos cruzados mientras ese hombre vuelve a