Narrador
Magdalena no podía dejar de llorar, las lágrimas caían a cántaros por sus mejillas. El dolor de la traición era más intenso que la pérdida de todo lo que había tenido. A pesar de sus defectos y su comportamiento, siempre había sido leal a John, apoyándolo en las buenas y en las malas.
—¡Mamá! Por favor, levántate de ahí.
Magdalena lo miró con furia, resentimiento y una profunda ira.
—¿Acaso no ves lo que ha hecho tu padre? Tú lo sabías, ¿verdad, Federick? Sabías que este desgraciado m