Charlotte
Despues de pensarlo mejor, llegué a la conclusión de que John no iba a hacer lo que le pedí. Era lógico: perder su papel de padre y esposo abnegado era como perder su orgullo. Pero necesitaba confirmarlo por mí misma. Sabía que John llegaría a trabajar a las seis de la tarde, y su mayor debilidad en ese instante era Greta, la humilde empleada de la cafetería, una buena excusa para que él llegara temprano. Así que decidí llamar a Greta a mi oficina.
Cuando ella entró, sus ojos estaban