Paradise

Llegamos a la casa y su teléfono sonó.

—¿Así que esa rata no ha dicho ni una sola palabra? —preguntó molesto-. Aumenten la dosis entonces. Ese infeliz habla porque habla— colgó la llamada.

—¿Qué le van a hacer? —pregunté asustada.

—Eso es algo que una mujer hermosa como tú no debe saber— acarició mi mejilla.

—¿Ser&aac
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