Manuel la miró mientras su expresión cambiaba de manera impredecible, relajando su cuerpo y recostándose en el respaldo de la silla. Habló con calma: —No te hagas ideas equivocadas. En cuanto al trato, fue tu elección elegirme a mí, ¡pero también fue mi elección elegirte a ti! Recuerda, en Aurelia, no hay ninguna otra mujer que pueda atraerme.
La voz del hombre era suave, pero contenía una autoridad que no debía subestimarse.
María tuvo una extraña sensación de que había escuchado un tono simila