María abrió sus ojos llorosos y miró fijamente a Manuel durante un buen rato antes de sonreír con amargura:, —Ya entiendo.
En la sociedad comercial, se trata de negocios.
Y su valor para Manuel era su joven cuerpo, que él podía aprovecharlo para su placer.
¿Cómo pudo pensar ingenuamente que Manuel sería diferente de Nicolás?
—Dame tiempo. —dijo María mientras se sentaba en el sofá cercano con los hombros caídos, mirando fijamente la pared blanca frente a ella.
La opresión y la humillación que se