Bajo la luz rosa en la habitación, solo quedaba María con la ropa desordenada, durmiendo suavemente en la desordenada cama, inconsciente.
Manuel estaba parado afuera de la puerta, envuelto en un frío viento. Empujó bruscamente la puerta y entró. Abriendo lentamente los párpados, miró desde arriba con extrema indiferencia a la mujer inconsciente en la cama. Cuando su mirada fría pasó por los distintivos moratones rojos en su cuello, en lo más profundo de su corazón tranquilo y solitario, surgió u