—¡Joder, ¿dónde dejaron los cuerpos? No pueden haberse convertido en polvo, ¿verdad? —Santiago golpeó la pared con fuerza, haciendo que el polvo del techo cayera rápidamente. Pronto, la habitación quedó impregnada con un olor asfixiante a polvo.
Manuel no parpadeó, sus labios se curvaron fríamente: —Debería haber una puerta trasera o un pasadizo secreto.
El fuerte olor a sangre indicaba que los cadáveres no fueron retirados después de la muerte. Otra posibilidad era que los hombres de Santiago e