—¡Alguien ha venido! —Al escuchar los golpes en la puerta, María intentó apartar desesperadamente a Manuel.
El dolor agudo en su nariz y el miedo a que él la mordiera en otros lugares la hicieron luchar cada vez más fuerte.
Ella realmente tenía miedo. Este hombre, vestido con elegancia como un caballero, se transformaba en un león furioso una vez que se quitaba la ropa. Con un solo descuido, temía ser devorada por completo.
—Manuel, ¿puedes dejar de hacer esto? —En sus ojos, él estaba siendo com