Me alisté y coloqué la dirección en el GPS, estaba un poco lejos, tenía miedo de lo que pudiera suceder. Fueron los 25 minutos más largos de la historia, tuve que tocar la bocina un par de veces a uno que otro conductor tranquilo que no tenía ni idea de mi emergencia.
Llegué, la fundación es tan imponente como la mansión de los padres de Max, muchos árboles y flores estaban llenando cada esquina. Había muchísimas personas, todos tenían un uniforme deportivo, portaban el logo de la institución