Me costó mucho sacar a Lucia de mi mente en el resto del turno. Muchas veces me sentí culpable por no tener la valentía de pedir su custodia al estado, era una niña muy sola, como yo. Pero aún era muy joven y tenía miedo, no crecí en una familia y no sabría cómo ser una hermana mayor, mucho menos una madre. El caso es que siguió rondando en mi cabeza.
Los padres de Martina también permanecieron llorando en la sala de espera, aguardando a que les entregaran el cuerpo de su pequeña niña, para as