— Buenos días señor Ferrari ¿Cómo amaneces en este día? — Lo recibe Robert en la oficina.
— ¡Buenos días mi querido amigo! He sentido su ausencia. — Él mira que Robert lo observa de arriba hacia abajo. — Ya deja de verme, estoy incómodo.
— Ropa nueva, una sonrisa inusual, calzados nuevos y de baja categoría. — Robert coloca la manos en su babilla. — Esto me permite deducir que este caballero no ha dormido en su gigante y fría cama.
— ¡Que mal que elegiste la carrera equivocada! Debiste ser inve