Apenas salió del campus universitario, Rebecca fue a buscar a Marisa a su apartamento. Necesitaba hablar con ella. La chica la recibió con alegría como siempre lo hacía. Se encontraba trabajando en las cuentas del bar, pero su amiga era más importante, así que preparó café rápidamente para sentarse en el sofá a conversar con ella.
– ¡Cuenta el chisme! –pidió Marisa con emoción.
– ¿Cuál chisme? –preguntó Rebecca riendo.
– Si no hubiese un chisme, no estarías aquí, así que cuenta –ordenó.
– Está