24. Peticiones inesperadas
[VALLE]
Nos paramos en nuestro lugar y salimos del restaurante. Ya es de noche, así que Diego me toma de la mano provocando en mí la sensación más rara de todas pero una de las más bonitas. Caminamos por las calles en silencio hasta llegar a la Calle Madero y llegamos hasta el Zócalo, ya que el hotel se encuentra por ese rumbo. Las palabras que me dijo, rondan por mi cabeza, pero aún así no le digo nada.
―¿Mañana tenes algo planeado?― Por fin rompe el silencio.
― Aún no, supongo que iba a ser