Mundo de ficçãoIniciar sessãoMeses después...
La brisa proveniente del mar acariciaba y refrescaba mi piel
En algunas ocasiones erizaba mis vellos. Alocaba mis rizos. Los hacía bailar a su ritmo natural. Mi nariz se llenaba y disfrutaba con el leve olor a salitre que viajaba en ese soplo.
La arena mojada brillaba como un millón de monedas de oro debido a la resplandeciente luz de los rayos del sol. Se apreciaba esa marcada línea entre los diminutos granos secos, que volaban con el viento y lo







