Carrie
Tamborileé con los dedos sobre el borde del volante que seguía en mi mano.
Mientras lo hacía, no dejaba de estirar el cuello. Mantenía la vista fija en el camino por el que debían salir Alessandro y Eduardo.
Pero cuanto más miraba el canal vacío, más crecía mi ansiedad.
Según dijeron, no pasarían ni diez minutos en esa sala.
Aunque apenas tengo los medios para saber la hora, puedo decir que han pasado diez minutos, y ahora mi cabeza está retorciendo pensamientos peligrosos.
Pero pude ali