[KEIRA]
Dane y yo no hemos dejado de reír en todo el trayecto hacia el auto. No sabemos si la risa viene de la escena infantil que hizo Salma o del espectáculo descarado que dimos los dos dentro de la discoteca. Solo sé que, cuando apoyo mi espalda contra el coche de Dane, él apoya la mano junto a mi cabeza, cerrando el espacio entre nosotros y dejándome acorralada entre su cuerpo y el metal frío.
—Como que nuestro plan está dando resultado, ¿no? —pregunto con una sonrisa cómplice.
—Yo creo que