[KEIRA]
La cama se ha convertido también en nuestra mesa para cenar. Los platos ya vacíos descansan sobre la bandeja, las copas de vino siguen en nuestras manos. Dane está apoyado contra el respaldar y yo acomodada entre sus piernas, envuelta en su camiseta blanca.
Tiene el poder de hacerme reír con anécdotas de sus años universitarios, con frases de doble sentido que me dejan sin réplica. Podría pasar todas las horas de mi vida así, escuchándolo, mirándolo, sintiéndolo.
—¿No crees que deberíam