Michael
Abro la puerta de mi oficina en la mañana como cualquier otro día, sin embargo, las cosas no están como siempre. Una caja negra y grande se encuentra sobre el escritorio. Cierro la puerta con cuidado y me acerco lentamente hasta poder verla bien.
Un listón negro en la esquina me hace pensar que se trata de un regalo, pero ¿de quién?
—¿Será que mi pequeña jefa ha decidido al fin su respuesta? —digo para mí mismo.
Es eso, o los hijos de puta que me están buscando me han encontrado.
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