CAPÍTULO 31: ENTRE LA ESPADA Y LA PARED
Michael
—La verdad, me encantaría —dice John sin dudarlo—, muero de hambre.
Imposibilitado de protestar, no me queda más remedio que dejar que se quede a comer. Natalie se sienta con él a la mesa mientras yo sirvo en los platos la comida que había preparado solo para los dos.
—Me encanta que por fin Michael haya sentado cabeza y con una muchacha tan hermosa —comenta John en lo que estamos comiendo.
—Gracias, señor Miller.
—Oh, no querida, dime John. Sé qu