Michael
Aguardar al momento en que finalmente Natalie pudiera ser mía fue lo más delicioso que he probado en mi vida. Tenerla debajo de mi cuerpo y someterla a los más tortuosos placeres se ha convertido en mi pasatiempo favorito. Sé que ella también lo ha disfrutado como yo, pues ninguno de los dos ha querido salir del pent-house en más de una semana.
Me doy cuenta de la manera en la que ella me mira, sus ojos han cambiado, algo me dice que hay amor en ellos y, para mi condena o mi dicha, yo t