El corazón martillaba a mil por hora, su aliento rozaba mis labios y el aire parecía cortarse; sus ojos verdes me miraban penetrantes en un recorrer de mis ojos a los labios, de pronto se separó de mí.
-Es un lugar muy hermoso ¿No leito?- la pelinegra caminaba contoneándose hacia nosotros
-lo es Sol- contesto leo sonriente
-Había olvidado lo guapo que te vez con esos hoyuelos- ella coqueteaba sin disimulo frente a mi
-Iré dentro tengo frio- dije y camine a la habitación, no me sorprendió que le