56: Dolores placenteros

Me sentía ansiosa, no quería a nadie más que a Zahid a mi lado y pensar en que tendría que enfrentarme al abuelo era algo que no me apetecía del todo. Pero ahora que tenía un sentimiento recíproco, no pensaba dejarlo ir y menos por terquedades de este señor.

—Escuche, no soy un gran hombre que se encuentre a la altura de Kenna. Sin embargo, le puedo asegurar algo, mientras ella esté a mi lado, no voy a permitir que nadie le haga algo o que derrame una lágrima. Si en algún momento de nuestras vi
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