Zahid maldijo al ver esto, golpeó con fuerza el manubrio de la moto y al final se dio la vuelta para irse por donde había llegado.
—¿Y bien? —Devika salió a su encuentro —¿La has logrado alcanzar?
—¿Qué crees? —él respondió con amargura —todo por culpa de los idiotas del aeropuerto que no me dejaban pasar.
—Pero no todo está perdido, ella va a Dubai. Ahí vas a poder hablar con Kenna y decirle que la amas.
—¡No comiences a poner palabras en mi boca! No la amo.
—¿Y por eso saliste detrás de ella