Si era terrible que su jefe estuviera estacionado frente a la portería de su edificio, era aún peor que también estuvieran sus padres, después de que le había inventado a su jefe la mentira de que estaba celebrando el aniversario de ellos, y que ahora se juntaran cuando Valeria regresaba de la ecografía en la que le habían confirmado que estaba embarazada de trillizos, aunque no se descartaba que pudieran ser cuatro o incluso cinco los niños que en ese momento crecían en su vientre, sin que su