Por segunda vez en el día, Valeria vio a Franco de espaldas a ella, mirando a través de la ventana, abstraído en sus pensamientos. Ya estaba acomodada en la cama del hospital y, debido a su condición, no le habían hecho la tomografía, pero debería permanecer en observación por los siguientes dos días. Franco ya había llamado y tranquilizado a los papás de Valeria, que no tardarían en llegar.
—¿Estoy despedida? —Se atrevió, por fin, a preguntar la joven.
Franco se giró con lentitud, como si la