Esa tarde, Valeria tuvo suerte y a su jefe se le presentó una reunión. Pese a que ya había elaborado un informe con las posibles inconsistencias del testamento, no deseaba tener que reunirse con él a hablar sobre un tema tan espinoso, más cuando no estaba segura de si Franco ya había o no leído el documento y era consciente de las intimidades que revelaba. Esperó hasta las ocho de la noche, más por solidaridad con Jaime que por temor a su jefe, y cuando se despidió de su único amigo en la ofici