Todavía sorprendida por el giro que había tomado la reunión, Valeria salió de la sala de juntas para terminar de redactar el acta y el compromiso al que Franco había convencido a Mauricio Corrales.
«Algo que, estoy segura, yo no habría conseguido, porque estuve a un segundo de tomarme esto como algo personal e insultar al padre de los trillizos», pensó Valeria sin querer siquiera imaginar las consecuencias si Franco no hubiera llegado justo en ese instante. «Ahora no tendría la menor oportunida