—¡Mamita! —
Aquella palabra, aquella dulce voz de ángel. El corazón de Adara se había inflamado de dicha al escuchar a su pequeño llamándola y al mirarlo ir a hacia ella.
—¡Nicolás! — grito Adara con emoción, su hijo era todo lo único que realmente amaba y necesitaba en ese momento, era todo lo único que la había ayudado a sobrevivir el infierno.
Sentir sus bracitos abrazándola, sentir su cuerpecito aferrándose al de ella, la había devuelta la vida y la energía que había estado necesitando.
Héc