Cap. 20: Velada de ensueño.
Al día siguiente.
La tarde caía con una suavidad dorada sobre la vasta extensión de la hacienda de Alfredo. Con el sol hundiéndose lentamente en el horizonte, él se encontraba en los preparativos para la llegada de Juliana.
Encendió el reproductor de música, una cálida melodía captó su atención.
«Qué distintos los dos. Tu vida empieza, y yo voy ya por la mitad del día. Tú ni siquiera vives todavía, y yo ya de vivir tengo pereza…» Las suaves notas entonadas por Julio Jaramillo le acariciaban el