–¿Te sientes mejor ahora? Es lógico que te enfades, Alejandra. Lo comprendo.
–No estoy enfadada.
–Si no te enfadas de vez en cuando, la gente te tomará el pelo. Si quieres, buscaré a Dexter y le daré una paliza en tu nombre.
Ella parpadeó, sorprendida.
–No creo en la violencia.
–Siéntate. Voy a hacer un café.
–¿Por qué estás siendo tan amable?
Marcelo esbozó una sonrisa que aceleró su corazón. Pero se había llevado un disgusto esa tarde y la idea de estar sola le parecía deprimente. Además, aqu