Por un segundo, Marcelo tuvo la extraña sensación de que el tiempo se había detenido. Y luego se preguntó si había oído bien.
–Eso es imposible –dijo por fin, levantándose para pasear por el salón–. Me dijiste que tomabas la píldora y confié en ti. ¿Estabas mintiendo?
–No te dije que tomase la píldora, dije que no creía que fuera un problema...
Él se pasó una mano por el pelo.
–No puedes estar embarazada.
–Me he hecho cuatro pruebas –dijo –. No hay ninguna duda, estoy embarazada.
–Esto no pued