–¿Por qué no pasamos del postre? –sugirió, tirando de ella para sentarla en
sus rodillas–. Tengo hambre de otra cosa...
–Sólo piensas en sexo –bromeó
Pero no protestó cuando empezó a quitarle el vestido y tampoco cuando inclinó la cabeza para rozar delicadamente un pecho con su boca, sucumbiendo al placer que le ofrecían sus labios. Marc la llevó en brazos a la cama. Disfrutaba al escuchar sus gemidos y jamás se cansaba de verla desnuda, el cabello extendido sobre la almohada, su voluptuoso cu