Capítulo 33; La señora de la mafia.
Gael, abandonó la boca, que se delizó con tiernos besos por el mentón hasta llegar a su cuello, Lara poco a poco se iba perdiendo en un mar de sensaciones, que ya no eran ajenas a su cuerpo. Las manos de Gael fueron a su cintura y como si no pesara la levantó colocándola sobre la encimera de la cocina.
-Ga. . . Gael. . . - quería que aquello fuese una queja, un reclamo, pero había sonado exactamente como un gemido de absoluto placer.
-Lara. . . - gimió también él, volviendo a besarla, las manos