Taylor y yo nos encontrábamos en el comedor. Yo preparaba un batido para el presidente, mientras él caminaba alrededor de la cocina. Había hecho eso durante diez minutos, aproximadamente, y ya comenzaba a molestarme.
—Señor Taylor, ¿Algo le está perturbando? — cuestioné tragándome las ganas de detenerlo de un golpe; yo me encontraba en lugar de trabajo y, mostrarme cómo realmente era, no valía la pena y el riesgo.
—Esa mujer… ¿Crees que haya salido del país? — el tono de su voz parecía perdido,